Cuando contamos una historia no sólo ponemos a prueba y expandimos nuestra creatividad, sino que también nuestras habilidades comunicativas, nuestra conciencia de los otros, y nuestra capacidad reflexiva. Las historias digitales parten desde allí e incorporan el poder del audiovisual en tanto medio de expresión y representación.
Desde hace un tiempo, y producto de la masificación de las cámaras fotográficas y video digitales y los teléfonos móviles con tecnología de video, la posibilidad de convertirse en un productor o director de pequeños videos está siendo cada vez más extendida, simplificando y haciendo familiar una práctica que antes sólo era para expertos. La expansión de los fotologs y el éxito de sitios webs que permiten subir y ver videos caseros, reflejan una necesidad de “mostrar-se” y “contar-se” a otros. Son los niños y jóvenes los expertos y ávidos usuarios de estos medios.
Cuando la creación de historias se da en un proceso intencionado, guiado, y sistemático, la experiencia creativa se dirige hacia el desarrollo de habilidades cognitivas, comunicativas y sociales.